viernes, 6 de octubre de 2017

El niño y el anciano























Un día el pequeño Chiang se adentró en el bosque, y después de haber caminado mucho, vio una mísera casa de madera alrededor de la cual reinaba la más absoluta paz: ni una gallina, un cerdo o un gato.

Pensando que estuviera deshabitada, se acercó cautelosamente. Y cuál fue su sorpresa al ver por una juntura entra las tablas, a un viejo de barba blanca tendido en el lecho.

Entra niño, le dijo aquel viejo.

Y su voz era como de algodón, como si viniese de una nube.
Te he sentido llegar, al menos, desde un kilómetro. ¡Entra!

Chiang entró y preguntó:

¿Cómo es posible que tú, viejo como eres, me hayas oído de tan lejos?

Es que me estoy muriendo. Y cuando uno es viejo y ha vivido lo suficiente, conviene que se familiarice con la Muerte y el oído se le torna muy sensible, como el fino oído del leopardo. Por esto me he retirado aquí. Quien está muriendo no tiene necesidad de ver personas, ya ha visto bastantes. Las ha visto venir y pasar. Quien siente que va a morir sólo tiene necesidad de tranquilidad. No está bien que a un hombre en esta circunstancia se le busque y se le atormente con charlas y palabras vanas. Conviene pasar de largo por la puerta de su casa, como si fuese la habitación de nadie…
Pero tú me has invitado a entrar, objetó tímidamente Ciang.

 Es verdad -dijo el viejo en un susurro-, pero sólo porque tenía nostalgia de una sonrisa. ¿Me la quieres dar?

Chiang sonrió levemente. El viejo sabio se durmió para siempre.

Cuento chino



viernes, 22 de septiembre de 2017

Las llaves























Hace algún tiempo me he visto inmersa en situaciones que tenían que ver con las llaves y ya sea por mi curiosidad innata, por deformación profesional o por aquello de la sincronicidad, llegó un momento en que no tuve más remedio que indagar y meditar sobre el simbolismo de las llaves en este momento de mi vida para tratar de entender lo que estaba pasando, si es que había una explicación posible, más o menos subjetiva.

Un día se me olvidaron las llaves donde no debía, afortunadamente alguien atento y honrado las recogió y amablemente me las devolvió, al poco tiempo se me cayo el llavero con todas mis llaves por el hueco del ascensor, teniendo que recurrir a unos vecinos y finalmente aun técnico que amablemente me resolvió el problema, pasados unos días se cambiaron las llaves de unas puerta comunes, tuve que  deshacerme de varias llaves que ya no  servían y por último, al ir a  recoger el correo se me rompió la llave del buzón! Demasiadas coincidencias en poco tiempo, como para que no resonara en mi mente un timbre de alarma.

Desde la perspectiva simbólica se entiende que la llave es un principio que nos permite alcanzar cierto conocimiento. Cuando soñamos con llaves surgen muchas interpretaciones, sujetas siempre a nuestra propia situación,  experiencia y crecimiento personal. Esencialmente cualquier situación  en la que esté en juego una llave se asemeja a una necesidad de poder o de control, ya sea de controlar o reforzar algún aspecto de nuestra vida que sentimos se nos escapa y nos produce un profundo sentimiento de desamparo, si perdemos la llave, por ejemplo. Si nos la entregan, la encontramos o adquirimos una nueva puede reflejar la necesidad de asumir nuevas responsabilidades.

Resumiendo, después de juntar todas las piezas entendí que estas situaciones de perdida de llaves que no habían tenido serias consecuencias, gracias a las ayudas recibidas, me estaban dando un serio toque  para volver a centrarme, a retomar el control de mi vida, que lleva un tiempo a la deriva, con las nuevas llaves que me entregaron me señalaban la necesidad de abrir nuevos caminos aprovechando mis conocimientos y poner al día mis contactos y comunicaciones que andaban tan oxidadas como la llave que se me rompió en el buzón.

Me ha parecido oportuno compartir esta experiencia por si os ocurre, que tengáis una guía para poder sacar algún provecho de estos avisos que a veces nos manda el Universo para orientar nuestra vida.
Suerte.

Françoise Mascaraque


viernes, 8 de septiembre de 2017

Leyenda japonesa : el monje y el Tao Te King



Cuenta una leyenda japonesa que cierto monje, entusiasmado por la belleza del libro chino Tao Te King, decidió recolectar fondos para traducir y publicar aquellos versos en su lengua patria. Tardó diez años en conseguir el dinero suficiente.

     Fue entonces que una peste asoló su país, y el monje resolvió usar el dinero para aliviar el sufrimiento de los enfermos. Pero en cuanto la situación se normalizó, de nuevo se dedicó a recaudar la cantidad necessaria para publicar el Tao.

     Pasaron otros diez años, y cuando ya se preparaba para imprimir el libro, un maremoto dejó a centenares de personas sin hogar.

     El monje nuevamente gastó el dinero en la reconstrucción de casas para los que habían perdido todo. Pasaron otros diez años, volvió a recolectar dinero, y finalmente el pueblo japonés pudo leer el Tao Te King.

     Dicen los sabios que en verdad este monje hizo tres ediciones del Tao: dos invisibles y una impresa. Él mantuvo la fe en su objetivo sin dejar de prestar atención a sus semejantes.



viernes, 25 de agosto de 2017

Quitar la campanilla al tigre





En el siglo X, el eminente monje Fa-Yan dirigía un templo budista que se alzaba cerca de una ciudad del sur de China. En ese mismo templo vivía el honesto monje llamado Tai-Quin, que era despreciado por ser un poco descuidado.

Una vez, después de las oraciones diarias, Fa-Yan preguntó a sus hermanos de monasterio:

— Si un tigre aparece con una campanilla atada al cuello, ¿quién podrá desatarla?

Todos se quedaron perplejos, pues desatar la campanilla del cuello del tigre sería una temeridad. El tigre es una animal muy temido en aquellas latitudes. Es imposible que una persona pueda acercarse a su cuello para quitarle un cascabel. Por este motivo, aunque pensaban y pensaban, nadie se atrevía a dar una respuesta válida.

En ese momento entró el monje Tai-Quin, y el eminente religioso repitió la pregunta.

El monje que acababa de entrar respondió con la punta de la lengua:

— La campanilla debe ser desatada por quien la hubiera atado.

Esta frase se tornó en un proverbio para el pueblo, por eso en China la gente no dice: “Debe resolver el problema quien lo creó”, sino que utiliza el dicho “la campanilla debe ser desatada por quien la ha atado”.

Una de las primeras muestras de coherencia que siempre deben dar las personas es ser responsables de sus actos.

Popular chino
 




viernes, 11 de agosto de 2017

Tribulación - Cuento Zen


"Las calamidades pueden ser causa de crecimiento y de iluminación", dijo el maestro.

Y lo explico del siguiente modo:

"Había un pájaro que se refugiaba a diario en las ramas secas de un árbol que se alzaba en medio de una inmensa llanura desértica. Un día, una ráfaga de viento arrancó la raíz del árbol, obligando al pobre pájaro a volar cien millas en busca de un nuevo refugio... hasta que, llegó a un bosque lleno de árboles cargados de ricas frutas".

Y concluyó el Maestro: "Si el árbol seco se hubiera mantenido en pie, nada hubiera inducido al pájaro a renunciar a su seguridad y echarse a volar".






viernes, 28 de julio de 2017

Ausencia de ego



En ocasiones los ruidosos visitantes ocasionaban un verdadero alboroto que acababa con el silencio del monasterio.
Aquello molestaba bastante a los discípulos; no así al Maestro, que parecía estar tan contento con el ruido como con el silencio. Un día, ante las protestas de los discípulos, les dijo:
- El silencio no es la ausencia de sonido, sino la ausencia de ego.

Fuente: ¿Quién puede hacer que amanezca? de Anthony de Mello





viernes, 14 de julio de 2017

A mi hijo Yvan



Dentro de unos días se cumple un año desde que te fuiste para siempre y sin preaviso. El tiempo ha pasado, y no ha habido un solo día en este año sin pensar en ti, cualquier cosa me lleva a ti. Todo este tiempo ha estado lleno de recuerdos, tu sonrisa en una foto,  una conversación con algún amigo o conocido tuyo, el sonido de tus palabras que resuenan en mi mente, tus expresiones, cariñosas, a menudo irónicas, tus enfados ante situaciones injustas, tus sueños e ilusiones que tratabas siempre de cumplir cuanto antes, con prisas, como si intuyeras que el tiempo se te acababa.

Te echo tanto de menos! A veces bajo de la nube y me siento como en el desierto, un desierto donde me siento perdida, observo y escucho un mundo sin sentido, lleno de incongruencias, a menudo carente de  solidaridad y de empatía con los que más lo necesitan y que tanto te molestaba a ti también, un mundo que nos abruma con su doble moral, sus políticas injustas, lleno de hechos cargados de violencia gratuita y me siento cansada y desencantada.

Pero la vida sigue, hay que caminar por ella y no dejarse arrastrar, afortunadamente me quedan otros seres queridos y gracias a ellos, poco a poco me re-animo, comparto sus ilusiones, trato de emprender nuevos caminos que me ayudan a tocar tierra en todos los sentidos; en el figurado al bajar poco a poco de la nube de profunda tristeza hacia la que me ha proyectado tu ausencia y también en lo real, ya que encuentro consuelo y paz al cuidar de nuestra pequeña huertita y del jardín, viendo crecer verduras, frutos y flores que me enseñan mucho y me permiten conectar con la bondad, la generosidad, la belleza de las cosas sencillas y la creatividad desinteresada de la madre Tierra que devuelve con creces las pequeñas atenciones que le dedicamos.

El tiempo pasa, pero tu siempre estás en mi corazón. Te quiero.

Françoise Mascaraque 


viernes, 30 de junio de 2017

Re-crearnos



Vivimos en una sociedad que fomenta el hedonismo y sobre todo, el pensamiento positivo a ultranza, lo cual a mi juicio es bastante nefasto, ya que nos aleja de la realidad, y cuando esta se concreta  incrementa  la frustración tanto a nivel persona, como social. Es verdad  que un toque de optimismo y de esperanza nunca viene mal, pero eso de pensar que por centrarnos exclusivamente en lo positivo  todo se va a solucionar... bajemos de la nube. 

Por otra parte, ser introvertido se considera casi un trastorno de personalidad, pues si hay una cosa que rechaza el ser humano, esa es la soledad. Todo nos empuja a estar siempre inmersos en la cacofonía de ruido y actividades que nos envuelve, ya sea real o virtual. Nos dicen que estar solo no es bueno, que tenemos que salir, relacionarnos con gente, conocer a otras personas e interactuar constantemente. Pero nos olvidamos que esta conducta de distracción o dispersión constante puede terminar por alejarnos de algo esencial.

Todos necesitamos de momentos de introspección que solo se pueden realizar en soledad, pues en ella reside un auténtico tesoro, ya sea en silencio o escuchando algo de música, nos permite contactar con esa persona tan importante para nuestra salud mental que somos nosotros mismos, pensar, meditar, recordar, asimilar, soñar y también crear, o debería decir, crearnos a nosotros mismos, alejados de la contaminación del ruido ajeno, de los juicios, de los cotilleos, etc…

El fomentar momentos diarios de soledad, de paz, nos permite volver a centrarnos, cuando  los acontecimiento de nuestra vida o el ruido del mundo nos rompe, nos hace perder el equilibrio, nos confunde y nos agota. Es un ejercicio muy necesario para poder regresar más adelante sanados y fortalecidos, capacitados para acercarnos y socializar con los demás cuando apetece o es necesario, para escucharlos, ayudarlos o simplemente compartir y disfrutar unos momentos juntos.

Françoise M.



viernes, 16 de junio de 2017

Intrepidez


"¿Que es el amor?"
"La ausencia total de miedo", dijo el maestro.
"¿Y qué es a lo que tenemos miedo?"
"Al amor", respondió el maestro.







viernes, 2 de junio de 2017

Felicidad, una nueva reflexión sobre ello.


Hace poco leí esta frase que me pareció genial :
“La felicidad no viene de no tener problemas, la felicidad viene de solucionar los problemas.” ¡Y que verdad es! Y que ajeno a ese concepto ilusorio que se tiene con frecuencia de la felicidad cuando pensamos que ésta nos la tiene que  proporcionar otro, o tiene que llegar por un golpe de suerte.

No hay nada como el subidón de autoestima que produce el superar un problema y cuanto más grande el problema,  mayor es el subidón al sentir esa descarga de endorfinas que nos transporta a un estado cercano a la “gracia divina” y que nos anima a afrontar nuevos problemas.

Yo prefiero llamarlos retos, pues cada vez que superamos algún problema, lo cual requiere una lucha y un esfuerzo, experimentamos una sensación de euforia y amor propio que hace que nos valoremos y confiemos más en nosotros mismos y en los demás, haciéndonos ver las cosas desde un punto de vista benévolo, que nos abre más hacia el mundo y los demás. 

No se puede comparar la satisfacción de aquello que nos viene dado, por muy grato que resulte, de lo que hemos conseguido con esfuerzo y tesón, lo uno nos mantiene en un estado irreal y nos hace dependientes y expectantes de algo ajeno y lo otro nos fortalece y nos hace madurar.

Françoise M.